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prólogo
Démonos
prisa, la mayoría de los testigos están
desapareciendo.
Tienen que salir las cosas cueste lo que cueste.
(Monserrat
Armengou, periodista, autora de un documental sobre las prisioneras
republicanas.)
El silencio impuesto a España por un franquismo opresor permanece
todavía.
Este silencio es el resultado de una guerra fratricida que destripó al
país y que dividió la población.
Este mutismo fue mantenido por una política represiva conducida
por Franco, dirigida contra inteligencia (Jean-Paul Sartre), ahogando en sangre toda oposición.
Las autoridades eclesiásticas censuraban y controlaban, infligiendo a la sociedad un integrismo religioso.
Asignaron a las mujeres una función subalterna: ridiculizadas y
castigadas en casa.
Sanas, fecundas, trabajadoras y alegres
(Pilar Primo de Rivera), debían
estar sometidas tanto a su marido como a la falange.
Todavía ellas están desdeñadas por la Historia y por su
familia.
Por eso es urgente exhumarlas del olvido y reivindicar sus palabras.
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